Hablamos de un proceso, es por esto que de alguna manera quienes aparecen en las fotografías ya no somos nosotros.

“Unión Libre” surgió a inicios de 2010 sin la intención de ser un proyecto fotográfico, más bien, un ejercicio espontáneo que comenzó en el momento en que decidimos vivir juntos. Este proyecto se haya conformado por fotografías que hacen parte de nuestra vida cotidiana en pareja, en contrapartida de las imágenes oficiales que se enseñan en una relación legitimada, la cual privilegia la aparición de sus protagonistas en contextos públicos, a partir de una iconografía reconocida socialmente. Al comienzo, las fotografías fueron realizadas a escondidas, a través de una mirada exploratoria del otro; poco a poco este proceso fue adquiriendo mayores riesgos en términos de composición y estrategia, ya como un trabajo en acuerdo; luego las imágenes fueron documentando momentos representativos de la convivencia y, posteriormente, acciones simbólicas.

“Unión Libre” simpatiza con lo que Michel de Certeau denominara “la invención de lo cotidiano”, la cual plantea un acto de rebeldía, silencioso, sutil, desalienado con respecto al uso habitual de los objetos, de esta manera enuncia un sujeto creador, en lugar del consumidor pasivo que se asocia con el hombre contemporáneo en la sociedad de mercado. Nuestro trabajo exalta el valor de lo pequeño, la cadena de acontecimientos, en apariencia insignificantes, que dan forma a gran parte de eso que llamamos vida; así mismo, explora la estética de lo que sucede al interior del espacio íntimo, estableciendo un documento que surge a partir de la insinuación.

En el decir del artista conceptual Joseph Beuys, cada hombre es un artista. Con esta frase se plantea la idea de que existe una facultad creadora latente en todo ser humano, es por esto que cualquier acto de conciencia que recaiga sobre una acción cotidiana pudiera conducir a un acto estético. En el mismo sentido lo expresa, desde la teoría teatral, Richard Schechner, quien considera como performance, no solamente el ritual, el juego o las artes escénicas, sino también las ocupaciones normales de la vida, las ceremonias sociales, los roles de clase y de género, e incluso la relación del cuerpo humano con los objetos que le sirven para desarrollar sus actividades.

En efecto, existen rituales que se encuentran asociados a objetos específicos, por ende la cama, la estufa, la computadora, se cargan de significado debido a las acciones que suceden a través de ellas. Entonces, las particularidades de dichos objetos, sus formas y rastros de uso, las maneras como nos relacionamos con ellos, los convierten en símbolos. “Unión Libre” es un ejercicio de conciencia de los performances cotidianos, un acto anárquico y privado que desconoce las normativas del estado y la iglesia.

Consideramos nuestro trabajo como un diálogo que sucede a través de la mirada. Estas dos “voces” fotográficas interactúan a partir de su diferencia y su manera particular de abordar la realidad. Una observa y traspasa la cámara, la otra se esconde detrás de una composición medida, pensada. El poeta Arthur Rimbaud dice en uno de sus textos “yo es el otro”. Sin duda, el hecho de trabajar en colectivo esta serie, en el espacio íntimo de nuestro departamento, es decir, elaborar un discurso conjunto desde la diferencia, funciona como un juego de espejos, en el cual la contraparte siempre nos ofrece aquello que no es posible ver de uno mismo, la posibilidad de reconocernos en el otro.

“Unión Libre” también ocurre como una reflexión y, de alguna manera, como una acción terapéutica, que permite el desarrollo de una conciencia de las acciones en un espacio habitado que muestra los procesos de vida de una pareja contemporánea en una ciudad como Monterrey. Se trata, entonces, del autoconocimiento que de alguna manera hace posible el conocimiento de lo humano. Esta serie se propone significar nuestra vida, a través de los momentos que son editados mediante el plano, el ángulo, la selección de las imágenes y la conformación de las mismas en piezas múltiples.

El teórico de los estudios culturales, Stuart Hall, menciona tres tipos posibles de representación; a uno de ellos lo denomina “constructivista” y lo define como aquel en el que los hablantes no pueden atribuirle un significado único e invariable al lenguaje. Es por esto que, para él, todo significado del mundo se construye a través de sistemas de representación que son dialógicos, como ocurre con gran parte del trabajo que hemos desarrollado, el cual se estructura a partir de dípticos o polípticos fotográficos.

Esta serie no trata de imágenes de la vida social, más bien puede definirse como la documentación autorreferencial de un proceso de vida, la edición de la mirada de dos fotógrafos que se fotografían, el ejercicio de consignar las circunstancias más inmediatas de la vida, la consolidación procesual de un diario no íntimo, sino extimo, la revelación del espacio interior en una ciudad que carece de espacios públicos de convivencia, la captura de un retrato mutuo que se extiende en el tiempo, la mejor manera de llevar el trabajo fotográfico a casa, la narración de la historia del cuerpo, de los lenguajes que lo habitan y lo significan, o la transgresión del concepto de intimidad, a partir de un acuerdo entre dos personas, sin contrato ni bendición moral, que viven en un estado civil denominado Unión Libre.

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