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Una historia de nunca acabar

Las fotografías que se fijan en la memoria son pocas. Cuando ocurren son símbolos muy poderosos, algunas veces por imposición y otras, de manera espontánea, por comunión. Quizá este sea el añorado lugar que espera un fotógrafo para sus imágenes, pues se resiste a dejar en el olvido aquello que considera memorable para los demás. Sin embargo, cómo es posible trazar una marca en la conciencia colectiva de sociedades que han sido excedidas, no solo por las imágenes de la barbarie, sino por los hechos mismos que las suscitan, y que buscan ser superados por las víctimas para sobrevivir a sus circunstancias. Sobre este tema versa el presente texto.

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